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    El origen del nuevo coronavirus

    Más allá de las especulaciones sociales que existen sobre el origen del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, qué se sabe desde el punto de vista de la genética.

     

    «Los datos científicos más firmes indican que la probabilidad de que se haya originado por ingeniería genética (en un laboratorio) es baja comparada con la probabilidad de que sea una zoonosis«, dijo el doctor en Ciencias Químicas, en Medicina y Cirugía, Alberto Luis Rosa.

     

     

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    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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  • Síntomas preocupantes en Alberto Fernández

    Publicado: 14/04/2020 // Comentarios: 0

    Por Claudio Fantini. El mensaje de Alberto Fernández el fin de semana, que originó un roce con el gobierno de Chile, fue desacertado en términos diplomáticos y también en el instrumento que eligió: comparaciones estadísticas. A eso, se suman otras actitudes que ensombrecen una gestión que tiene saldo favorable, por caso, el episodio con el periodista Jonatan Viale. Repasemos.

    Las comparaciones del coronavirus con Chile originaron un roce diplomático | Foto: archivo Turello.com.ar

    Las comparaciones estadísticas no tienen mayor significación si no se tienen en cuenta ciertas diferencias, como la masividad del ingreso del Covid-19 en los diferentes países. Obviamente, esa masividad es inmensamente superior en Europa y en Estados Unidos, que en países como la Argentina.

    El objetivo de esa comparación parece alardear de una supuesta mayor inteligencia y mayor eficacia de las políticas propias.

    Imaginemos que los gobiernos de provincias como Formosa, Catamarca y Chubut –que no tienen contagiados de coronavirus– realizan comparaciones estadísticas con los niveles de contagio que exhiben la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, para señalar implícitamente que sus políticas sanitarias son más inteligentes y eficaces que las aplicadas por porteños y bonaerenses.

    Sería absurdo, porque la masividad del ingreso del virus a Buenos Aires es superior al de las provincias mencionadas.

    Fue un error del presidente usar ese método comparativo, que en definitiva lo que muestra es una intención de autopropaganda.

    Y también fue un desacierto diplomático, porque establecer competencias que incomoden a otros gobiernos en un tiempo en el que urge la colaboración, es erróneo.

    El error agregó un talón de Aquiles al incluir a Chile. Y el gobierno de Sebastián Piñera disparó una flecha hacia ese punto vulnerable. Las estadísticas expuestas por la administración trasandina muestran algo que está a la vista: los chilenos efectúan muchísimos más test que la Argentina, por lo tanto, Chile está siendo mucho más eficaz en descubrir casos y aislarlos a tiempo.

    Pero más allá de la razón de uno u otro, lo inquietante es que Alberto Fernández haya provocado este cruce inoportuno, inapropiado e innecesario.

    La pregunta es por qué Alberto Fernández comenzó a mostrar síntomas de triunfalismo y de politización de la pandemia.

    A eso se suman otras actitudes que ensombrecen una gestión que tiene saldo favorable. Jonatan Viale es un joven y respetable periodista que afirmó que Alberto Fernández se aferra a la cuarentena por el resultado sobre su imagen en las encuestas. Una afirmación al menos discutible, posiblemente cuestionable, pero que no justifica la descalificación que recibió de un periodista oficialista. En lugar de rebatirlo o debatir con Viale, Dante López Foresi lo insultó.

    Más grave aún fue que el presidente retuiteara ese mensaje infectado de intolerancia. La actitud de Alberto Fernández implica, de hecho, la aprobación de un ataque que censura críticas por amedrentamiento, como hacía 6,7,8, un tristemente célebre programa de sometía a linchamiento mediático a opositores y críticos al gobierno de Cristina Kirchner.

    Lea también: 12/4/20 | La incertidumbre golpea más que el coronavirus,

    Alberto Fernández tampoco cuestionó al canciller Felipe Solá, quien acaba de valerse de la pandemia para atacar a Mauricio Macri en un pernicioso acto de especulación política.

    Su silencio acentuó el color sepia que vuelve viejas las enaltecedoras postales de hace un mes, cuando no politizaba sus explicaciones y se mostraba junto a valiosas figuras de la oposición.

    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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