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    Se profundiza el flagelo de la pobreza (40,9%) y de la indigencia (10,5%) en Argentina

    Las últimas mediciones del INDEC, correspondientes al primer semestre de 2020, señalan que cuatro de cada 10 argentinos son pobres. A su vez, uno de esos cuatro, es indigente, es decir, «pasa hambre».

     

    Según Laura Caullo del IERAL de Fundación Mediterránea, en los últimos dos años se duplicó la tasa de indigencia. ¿Proyecciones? «preocupan los resultados del segundo semestre», advierte la economista.

     

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    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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  • Los “bolos de la 9 de julio” en la Argentina partida

    Publicado: 14/10/2020 // Comentarios: 0

    Por Claudio Fantini. “No se bancan una joda”, se justificó el actor ultrakirchnerista Dady Brieva ante quienes lo repudiaron por haber señalado –en relación con el banderazo del último lunes- que le daba ganas “de subirse a un camión y jugar a los bolos en la 9 de Julio”. Como “los bolos” a los que se refiere son las personas que protestaban en el Obelisco, la “joda” del actor fue decir que esa multitud le generaba el deseo de cometer una masacre.

    El banderazo del 12 de Octubre molestó al Gobierno, que descalificó la concurrencia y a los participantes.

    La metáfora usada por el actor ultrakirchnerista tiene antecedentes en la realidad. En 2016, en la ciudad francesa de Niza, un camión conducido por un lobo solitario arremetió contra la multitud que paseaba en la rambla, dejando casi un centenar de muertos.

    También hubo camiones “jugando a los bolos” en un mercado navideño de Berlín, en Estocolmo, en París y en Nueva York. Esos casos no fueron bromas, sino masacres.

    Es lamentable el silencio del oficialismo. No hubo voces en el gobierno de Alberto Fernández que repudiaran la violencia verbal de Dady Brieva. Tampoco habló Cristina Kirchner.

    La oposición hizo bien en señalar la vulgaridad brutal de Dady Brieva en un país partido por una grieta que supura odio político a borbotones.

    Eso no implica que esté bien denunciarlo por instar a la violencia. Dijo algo horrible, pero que no equivale a haber instigado a una masacre.

    Reclamar que se lo impute por haber cometido un delito, como hicieron quienes lo denunciaron y los dirigentes opositores que avalaron esa denuncia, no es coherente con rechazar la creación de Nodio, el observatorio estatal que podría usarse para censurar la crítica y la denuncia.

    En el oficialismo y en la oposición abundan las palabras y los silencios deplorables. El Observatorio que supuestamente debe combatir la difusión del odio político, cultural y social, debió pronunciarse categóricamente contra el deseo de masacrar con que supuestamente bromeó el actor kirchnerista, pero no lo hizo.

    En forma paralela, dirigentes opositores hacían decir al jefe de Gabinete algo que en realidad no dijo.

    Según esos dirigentes, Santiago Cafiero afirmó que quienes salieron a las calles a protestar “no son el pueblo ni son la gente”, como sostiene la oposición.

    Pero resulta claro que lo señalado por el cuestionado jefe de Gabinete es que las multitudes del 12 de octubre en diferentes centros urbanos no son “todo” el pueblo ni “toda” la gente. Lo cual es cierto.

    Con sus palabras y sus silencios, el juego sucio es la regla en la Argentina partida.

    El énfasis que pone Cafiero al pronunciar los artículos “el” y “la” los hace equivaler a totalidad. De haber escrito esa frase mientras era pronunciada por el funcionario, un taquígrafo habría anotado ambos artículos en negrita.

    Pero algunos dirigentes opositores y formadores de opinión omiten ese aspecto de lo dicho, adulterando lo afirmado por Santiago Cafiero.

    Con sus palabras y sus silencios, el juego sucio es la regla en la Argentina partida.

    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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