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  • Señales que el populismo está en retroceso

    Publicado: 27/06/2019 // Comentarios: 0

    Por Claudio Fantini. Si el Frente de Todos –que lleva la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández– lograra triunfar en la elección presidencial, el hecho de que la ex presidenta haya tenido que dar un paso al centro, o por lo menos aparentar que lo daba al elegir como candidato a presidente a su ex jefe de Gabinete, es una señal de debilidad del populismo en la Argentina. Y se trata de una tendencia que está dando señales más claras, sobre todo en Europa.

    La tecnología genera deseos de nuevos productos, con fuerte impacto en la economía y en el mundo laboral, lo que alienta los populismos | Foto: archivo Turello.com.ar

    La prensa mundial da cuenta del ascenso de líderes populistas que produce la ola antisistema que recorre el mundo. La tendencia existe. Se trata de lo que los alemanes llaman zeitgeist: el espíritu de la época. Pero han comenzado a producirse signos de restauración sistémica. Y estos signos no están siendo resaltados por la prensa en igual medida que los supuestos éxitos antisistema.

    La durísima derrota del populismo religioso en Estambul es una prueba de lo que podría estar convirtiéndose en una nueva tendencia. Hasta aquí, Recep Erdogan avanzaba hacia una “sultanización” de su presidencia, arrollando a los opositores en todos los comicios. Pero, en la última elección, su candidato a alcalde de Estambul, Binalí Yildirim, la ciudad más importante de Turquía, fue derrotado por la oposición socialdemócrata. Como sucedió en Ankara y Esmirna.

    Esa elección había sido anulada por supuestas irregularidades y el último domingo se realizó nuevamente, ratificando la victoria, aún por más amplio margen, de Ekrem Imamoglu, un ataturkista de centroizquierda que cuestiona como antidemocrático al AKP, el partido del conservadurismo religioso que está transformando la institucionalidad que ha regido en Turquía desde la primera mitad del siglo 20.

    Estambul es nada menos que la ciudad donde Erdogan, que fue su alcalde, amasó el poder político que lo convirtió en el hombre fuerte de Turquía. Agrava el traspié electoral que el derrotado haya sido Yildirim, el número dos del AKP, además del primer ministro que sacrificó la existencia de su cargo en el altar del híper presidencialismo que construyó Erdogan tras aplastar la asonada militar del 2016.

    El líder Erdogan, que procura poner fin al Estado secular creado por Atatürk, expresa en Turquía la ola antisistema de las últimas dos décadas.

    Erdogan está en la misma vereda de gobernantes demagogos como el húngaro Viktor Orban, el polaco Jaroslaw Kaczynski, el filipino Rodrigo Duterte y el nacional-hinduista indio Narendra Mori, entre otros.

    Estambul no es una señal aislada. El triunfo de la liberal y europeísta Zuzana Caputova en Eslovaquia está en la misma dirección. También el hecho de que en la última elección de eurodiputados, Nueva Democracia, el partido tradicional de los conservadores griegos, haya vencido a Syriza, el partido izquierdista del primer ministro Alexis Tsipras.

    También van en esa dirección las masivas protestas en Praga contra el primer ministro Andrej Babis y la victoria socialdemócrata en la última elección que tuvieron los daneses.

    La restauración de los partidos tradicionales que se insinúa en las urnas europeas, prueba que la ilusión populista, por derecha e izquierda, está destinada al fracaso.

    El antisistema es consecuencia de la impotencia de las dirigencias tradicionales para revertir tendencias socioeconómicas que tienen que ver con la evolución de la tecnología.

    Los demagogos son la apuesta desesperada en la incertidumbre que producen fenómenos de este tiempo, como la aceleración cada vez más vertiginosa de la transformación tecnológica y sus consecuencias en la sociedad.

    Pero el populismo sólo puede vender utopías regresivas. Generan la ilusión de poder cambiar lo que las dirigencias políticas convencionales no cambian. Y sus gobiernos, tarde o temprano, terminan defraudando a la sociedad.

    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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