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Por Claudio Fantini. La historia está plagada de gobernantes estrafalarios. El rey Faruk tenía un gran poder que presumía en su larguísimo título (Su majestad Faruk I, por la gracia de Dios rey de Egipto y Sudán, y soberano de Nubia, Kordofán y Darfur), además de una inmensa fortuna en palacios, joyas y cuentas bancarias. Sin embargo, era cleptómano. ¿Qué es Donald Trump?
El hombre que asumió la presidencia de los Estados Unidos también tiene un lado oscuro. Y está más a la vista que los vicios desopilantes del último monarca egipcio. Por eso, los norteamericanos vivieron la más extraña de las antesalas de un recambio presidencial. Nunca antes, a la asunción de un presidente la antecedió una atmósfera tan densa y cargada de oscuros presagios.
Por primera vez, en toda la historia de la principal potencia de Occidente, el mandatario electo empezó a gobernar antes de haber asumido. Eso hizo Trump con declaraciones respecto a China, a Israel y a las inversiones empresarias en México.
#Mundo | @ClaudiooFantini en @LosTurello: «#China en términos económicos es la gran protagonista» /// Releer ↓ https://t.co/ob3MW6vXpz
— Sebastián Turello (@SebaTurello) 2 de enero de 2017
Entre esas acciones y dichos, algunas provocaron respuestas muy sombrías y también sin antecedentes. Desde que Mao Tse-tung amenazó a Occidente diciendo que si hacía sincronizar sus relojes a los chinos y los hacía saltar a una hora determinada, el mundo se sacudiría, nunca hubo otra amenaza tan directa como la que transmitió el gobierno chino a través de un diario oficialista: si intenta impedir la soberanía china sobre las islas que reclama en el Mar Meridional, Estados Unidos debe prepararse para una guerra. Tampoco hay antecedentes, al menos cercanos, de que alguien llegara al día de la asunción tan débil en las encuestas de opinión pública. Y mucho menos, que el fantasma de un juicio político sobrevolara la Casa Blanca antes de que el potencial blanco del impeachment asumiera el cargo. La injerencia rusa en el proceso electoral y la falta de transparencia sobre el manejo de las empresas de Donald Trump durante el ejercicio de la función pública, son sombras sobre la gestión que comienza.
«La sensación es que todo puede pasar«.
La sensación es que todo puede pasar. Desde un gobierno brillante que revitalice la economía y modifique positivamente el tablero internacional, hasta una mezcla de plutocracia (gobierno de los ricos) y kakistocracia (gobierno de los peores), en el que la demagogia megalómana de un gobernante con dudosa legitimidad imponga una deriva de autoritarismo interno y tembladerales externos. A la mejor descripción de lo que insinuó esa extraña y oscura antesala de la asunción, la describió un título del diario argentino Ámbito Financiero: “Asume Trump, que sea lo que Dios quiera”.
Asume Trump y que sea lo que Dios quiera https://t.co/D9ShWrVgnt vía @ambitocom — José Siaba Serrate (@JSiabaSerrate) 16 de enero de 2017
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