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  • "Selfie" o "el siglo del yo" versus el narcisismo mal visto

    Publicado: 14/03/2014 // Comentarios: 0

    Por Rosa Bertino. Consultora busca secretaria. Presentar currículum, acompañado de un primer plano de la solicitante. Medio centenar de jovencitas aparece con una hoja de carpeta, escrita a mano, con letra irregular. Prendida con un clip está la selfie (autofoto), probablemente tomada en vacaciones o en una salida con amigas.
    Aunque la hayan recortado, se alcanza a ver un codo, un mechón de pelo o la silueta de otra persona. ¡Chau foto carnet!

    La gran “originalidad” de la presentadora Ellen De Generes, en la última entrega de los premios Oscar, consistió en tomar una selfie en la que aparecían Brad, Jennifer, Kevin, Angelina, Jared, Julia y Meryl, entre otros.

    Por supuesto, se aseguró que también figurara un actor de color. De inmediato, la subió a una red social, y los receptores la reenviaron por todo el ancho mundo. Fue la selfie más replicada de la noche, y del año. ¡Chau paparazzo! Fuiste.

    Decididas a entrar en el Bailando de Marcelo Tinelli o en la suite de Maradona en Dubai, Karina Jelinek, Luciana Salazar, Vicky Xipolitakis, Annalisa Santi y decenas de aspirantes enfocan sus ángulos más favorecidos (generalmente los traseros), y difunden por You Tube, WhatsApp, Instagram, o como se llame, sus selfies. ¡Chau, Panchos, Leandros, Jacobos y otros intermediarios! Fueron.

     

     

     

     

    Ésta viene a ser la parte frívola y llamativa de la cuestión. Maquiavelo ya no podría decir que el fin justifica los medios. En la actualidad, el medio y el fin son una misma cosa. La selfie es el ejemplo más acabado. El formato que décadas atrás surgió con el nombre de “instantáneas” o “Polaroids”, hoy es una herramienta social de la cual nadie puede o se anima a prescindir. Uno está en un cumpleaños, despedida o funeral, y la mitad de los asistentes se la pasa enarbolando un celular para sacar la foto que ahí nomás le piensa mandar a los parientes en Ecuador, Canadá o Letonia. O al amigo que está de guardia en el hospital.

    Gilles Deleuze decía que éste es el “siglo del yo”, en el que priman las libertades individuales y los recursos diseñados a tal fin. Las manías y compulsiones son alentadas. El problema es que tanta libertad termina esclavizando. Y hartando.

    Haciendo honor a la brecha generacional, los novios todavía circulan entre las mesas, para posar con los invitados. A esas fotos casi nadie las ve, salvo que las manden por mail o por teléfono celular. El álbum con rositas rococó queda como trofeo para la mamá sexagenaria y la abuela octogenaria. Ya aparecerá el soporte que permita conservar el instante electrónico, la sonrisa virtual.

    Quizá lo hay, pero no me enteré. Sabrán disculpar, pero es el problema de pertenecer a una generación muy anterior, cuando el narcisismo estaba mal visto.

    Como bien decía Gilles Deleuze, éste es el “siglo del yo”, en el que priman las libertades individuales y los recursos oportunamente diseñados a tal fin. Las manías y compulsiones son alentadas. El problema es que tanta libertad termina esclavizando. Y hartando.

    Además, ¿quién tiene tiempo de ver tantas fotos?.

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