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    ¿Gestación por sustitución en la Argentina?

    La gestación por sustitución -o comúnmente denominada “alquiler de vientre”- no está permitida en la Argentina, de acuerdo con el nuevo Código Civil y Comercial, que está vigente desde el 1° de agosto de 2015. Esta alternativa había sido propuesta por la comisión reformadora, pero no incluida por el temor a la aparición de un negocio en torno de alquilar el vientre a una pareja que, por distintas razones, no puede o no quiere concebir. El abogado Lucas Farías, del estudio Giordano, Lerena & Asoc., explicó en el programa Juan al Medio, de Radio Continental Córdobala presentación que realizaron para permitir dos gestaciones de este tipo. Las razones jurídicas que lo avalarían. Escuchalas. 

    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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    El error del macrismo que posibilitó el festejo de Cristina

    Publicado: 31/08/2017 // Comentarios: 0

    Por Claudio Fantini. Cristina fue predecible. Hizo exactamente lo que se suponía que iba a hacer. Utilizó el resultado final de las PASO para iniciar su campaña, presentando una diferencia ínfima en el marco de un empate técnico, como si fuera una victoria contundente. Se victimizó de una supuesta jugada fraudulenta en el manejo del escrutinio. Y disparó contra el gobierno de Mauricio Macri artillería pesada, usando como munición incluso a Santiago Maldonado.

    Cristina convirtió una victoria pírrica en un gran relanzamiento | Foto: archivo Turello.com.ar

    Un caso de tan inquietante oscuridad y tan potencialmente trágico, como es la desaparición de una persona tras una refriega con la Gendarmería, debiera ser tratado con absoluta responsabilidad por una dirigencia en la que todos debieran unir esfuerzos con un único fin: encontrar a esa persona y dilucidar qué fue lo que ocurrió.

    Tanto en el terreno kirchnerista como en el antikirchnerista, hubo actitudes miserables frente al caso. En las dos orillas hubo quienes arrojaron a Santiago Maldonado en la grieta. Pero el kirchnerismo lo usó sistemáticamente como combustible para incendiar a un Gobierno al que quieren ver caer a cualquier precio.

    En el acto de La Plata, Cristina no se privó de usar a Maldonado como munición para disparar en la contienda electoral. Y, como era de esperar, se victimizó y presentó el resultado final como si esas famélicas décimas que obtuvo por encima de lo que sacó Esteban Bullrich, el alfil con el cual el macrismo compitió a la reina del kirchnerismo, hubiese sido una diferencia enorme y como si su fuerza política no hubiese sufrido un tremendo retroceso a nivel nacional, quedando en los umbrales de la irrelevancia.

    El acto triunfalista de Cristina mostró a una líder sectaria dirigiéndose a un sector que evidencia comportamientos de secta. El macrismo le regaló esa escenificación.

    La noche del domingo 13, en el que los argentinos votaron en las PASO, durante su justificado festejo, los máximos exponentes del macrismo podrían haber anunciado que el escrutinio bonaerense apuntaba a un empate técnico con probabilidad de ventaja para Cristina Kirchner.

    De haber hecho eso, habrían vacunado contra un posterior festejo de la ex presidenta, la victoria que indudablemente Cambiemos había logrado a nivel nacional.

    Efectivamente, con el kirchnerismo volviéndose irrelevante a nivel nacional, un triunfo con menor cantidad de votos que los obtenidos por su peor candidato a gobernador de Buenos Aires, Aníbal Fernández, y con menos sufragios de los que sacó una de sus principales denunciantes, Graciela Ocaña, no justificaba ninguna celebración.

    Cristina era abrumadoramente derrotada en su feudo santacruceño. Los hermanos Rodríguez Saá perdían su invicto en San Luis por haberse aliado con ella. Los K perdían bastiones como La Pampa y quedaban relegados a un remoto tercer puesto nada menos que en Córdoba.

    En ese panorama dantesco para el kirchnerismo y triunfal para Cambiemos, que irrumpía como primera fuerza a nivel nacional, Cristina sólo habría podido festejar algo si le ganaba por 10 puntos (como habían anunciado sus encuestas y sus voceros) al frágil candidato macrista que la había enfrentado en la Provincia de Buenos Aires.

    Si la dirigencia macrista anunciaba en su festejo lo que ya se perfilaba en el escrutinio y le adelantaba las boca de urna y las mesas testigos, Cristina se habría quedado sin la celebración que hizo el miércoles en La Plata.

    Aún en el caso de que no hubiera habido un manejo tramposo de la información, la dirigencia macrista cometió por lo menos una tremenda negligencia al no decir a tiempo lo que, tarde o temprano, revelaría el escrutinio.

    Dejar que los argentinos se fueran a dormir ese domingo con la imagen del festejo de Cambiemos y que la parte inferior de los televisores señalara una diferencia de casi siete puntos a favor de Bullrich sobre la ex presidenta, fue un error grave y oscuro.

    Esa negligencia del macrismo le regaló a Cristina la posibilidad de hacer lo que mejor sabe: escenificar una victoria y denunciar que, además de haber vencido a Macri y a María Eugenia Vidal, venció también la jugada “fraudulenta” con la que intentaron “robarle la victoria”.

    Y fue un festejo a lo grande; a lo Cristina, virtuosa regisseur y actriz estelar de sus propias escenificaciones.

    Lea también: 15/8/17 | La innecesaria negligencia en una victoria contundente

    Politólogo y periodista. Analista político en medios argentinos y del exterior. Profesor y mentor de Ciencia Política en la Universidad Empresarial Siglo 21 (UES21). Autor de varios libros, el último de los cuales es la La Gravedad del Silencio.

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